(Y sentir que no estamos muertos).
Está la distancia, la soledad y el silencio interno.
Están las dudas, los rencores y lo que quedamos debiendo.
Están los problemas, los abrazos perdidos y los malos recuerdos.
La vida que se va, y la reemplaza el mal genio.
El vacío que no se llena con nada, las responsabilidades y el dolor de siempre, como siempre, adentro.
Pero están también los que se fueron, y nos llevaron con ellos.
Estamos nosotros, recordando y sintiendo todo tan propio como ajeno.
Y que ese recuerdo nos dibuje una sonrisa mientras se nos arruga el corazón.
Y tener ese espacio en alguien, Y tener esa vida en nosotros, y tener ese amor, porque es amor, tanto amor, tanto amor perdido envuelto en tantos momentos.
Y tratar de creer que todavía todo puede ser bueno, que los que nos quieren volverán, y nos espantarán el frío de los huesos.
Que nos sacarán los fantasmas con abrazos, que perdonarán nuestras faltas y jamás nos dejarán de nuevo.
Y creerán en nosotros, en lo que no somos, pero que insistimos en serlo.
Y descubrirán que hay algo dentro también, algo bueno que siempre estuvo, pero que siempre tuvo miedo.
Y secarán las lágrimas con besos, y limpiarán los días con sus dedos.
Y no más vacío, no más silencio: Un caminar a la par y el eco de los mismos pensamientos.
Las letras que ya se me fueron, los dedos que se acabaron para mí volverán con el tiempo que traigan ellos.
Y soñar que todo esto sea cierto.
(Aunque sea sólo un momento).