El miedo al recuerdo, a perderlo, a perderme de la memoria de todos de la misma forma como mis pocos afectos de van evaporando en los rincones llenos de recursos inservibles de mi cabeza.
Me voy así. Siendo perdido y perdiendo. Siendo pasado y pasando. Siendo sin serlo tanto.
Estoy tan envuelto en mi que no me encuentro, y no busco el camino por no quedar expuesto.
Debe haber algo aún bueno, pero está tan dentro que nadie más lo ve y lo mismo me lleva a bloquearme ante el resto.
(La niebla de cada momento).
(Entre los paréntesis y los puntos suspensivos)
martes, 29 de octubre de 2013
(Like it or not)
Mar de recuerdos, de los días pasados, cuando no tenía muchas preocupaciones, y las que tenía realmente no lograban afectarme lo suficiente.
Cuando el mundo cabía en cuatro personas y tres lugares. Cuando mis días no tenían afán ni importancia. Cuando el futuro era tan informe y lejano que no se relacionaba en ninguna manera con el presente y no había recuerdos ni pasado, porque se estaban apenas construyendo a la par.
Tenía entonces sentido levantarse en la mañana y acostarse en las noches. Tenía entonces sentido hacer avanzar el mundo a pasos y detenerse en los detalles. Tenía entonces sentido pasar noches en vela y dormir días completos y salir a la calle y esperar el nuevo sol en compañía, y contrariar todo y a todos y ser imprudente y feliz. Tenía entonces sentido vivir, seguir, insistir y volver a vivir en un mundo agradecido y coherente.
Ahora cada paso es obligado, por la absurda necesidad de seguir con la rutina que me mantenga con los pies en la tierra. Los pies, las manos, la cabeza y las rodillas, y tratar de avanzar absurdamente así en este sinsentido que para todo el mundo lo tiene.
Y no rendirse.
(Creo que, en el fondo, para eso sirven los recuerdos).
Cuando el mundo cabía en cuatro personas y tres lugares. Cuando mis días no tenían afán ni importancia. Cuando el futuro era tan informe y lejano que no se relacionaba en ninguna manera con el presente y no había recuerdos ni pasado, porque se estaban apenas construyendo a la par.
Tenía entonces sentido levantarse en la mañana y acostarse en las noches. Tenía entonces sentido hacer avanzar el mundo a pasos y detenerse en los detalles. Tenía entonces sentido pasar noches en vela y dormir días completos y salir a la calle y esperar el nuevo sol en compañía, y contrariar todo y a todos y ser imprudente y feliz. Tenía entonces sentido vivir, seguir, insistir y volver a vivir en un mundo agradecido y coherente.
Ahora cada paso es obligado, por la absurda necesidad de seguir con la rutina que me mantenga con los pies en la tierra. Los pies, las manos, la cabeza y las rodillas, y tratar de avanzar absurdamente así en este sinsentido que para todo el mundo lo tiene.
Y no rendirse.
(Creo que, en el fondo, para eso sirven los recuerdos).
domingo, 25 de diciembre de 2011
La distancia sigue siendo tan ineludible como certera.
El esperar el paso del tiempo se volvió una rutina más dentro de las otras.
(Otoño de vida).
Ahora todo empezar es en vano.
Cada nuevo caminar sólo trae consigo la falsa memoria de lo que se pudo vivir alguna vez.
Ahora cada nueva compañía sólo es una evocación de lo que dejé perder en mi eterno insistir en lo que no debo.
(Invierno en el cielo).
Y esto es sólo una muestra de cómo todo se repite para mí. Sometido eternamente a los ciclos interminables de mi tibia existencia.
Debo salir, debo salir y espantarme la niebla del cuerpo.
Sigo siendo la sombra de lo que fui, sigo dejándome atrás con cada nuevo vacío de más vida, de más sangre de más, de más...
(Primavera de papel).
Las huellas que he ido dejando las repito cada día.
La vida que ya no soy sigue estando ahí, pero lejana, recordándome que mi memoria es lo único que se queda. Mi cuerpo y mi tiempo pasan, los míos y lo mío se va y no me puedo despegar de nada de esto.
Sigo huyéndole a la mediocridad que me persigue.
Que me lame los pies cada vez que me detengo a tomar aire.
Y el aire se acaba. Siento este aire gastado que me asfixia entre más lo necesito, entre más fuerza hago para atraparlo y contenerlo.
Me saben los pulmones a ceniza. La ceniza la llevo dentro.
(El verano en mi pecho).
No queda mucho que agregar cuando sigo siendo yo el centro de la ausencia.
No queda mucho que recordar cuando se pasa por la vida de tantos sin dejar rastro.
No queda mucho que abrigar cuando cualquier ayer sea igual a mañana.
Y mi fuerza se acaba mientras aumenta mi furia.
Una furia que se niega a explotar, a salir, a ser.
Una vida que estoy apagando porque no encuentro por dónde sacarla de mí.
Vida de menos.
(Quiero algo que sí pueda sentir).
El esperar el paso del tiempo se volvió una rutina más dentro de las otras.
(Otoño de vida).
Ahora todo empezar es en vano.
Cada nuevo caminar sólo trae consigo la falsa memoria de lo que se pudo vivir alguna vez.
Ahora cada nueva compañía sólo es una evocación de lo que dejé perder en mi eterno insistir en lo que no debo.
(Invierno en el cielo).
Y esto es sólo una muestra de cómo todo se repite para mí. Sometido eternamente a los ciclos interminables de mi tibia existencia.
Debo salir, debo salir y espantarme la niebla del cuerpo.
Sigo siendo la sombra de lo que fui, sigo dejándome atrás con cada nuevo vacío de más vida, de más sangre de más, de más...
(Primavera de papel).
Las huellas que he ido dejando las repito cada día.
La vida que ya no soy sigue estando ahí, pero lejana, recordándome que mi memoria es lo único que se queda. Mi cuerpo y mi tiempo pasan, los míos y lo mío se va y no me puedo despegar de nada de esto.
Sigo huyéndole a la mediocridad que me persigue.
Que me lame los pies cada vez que me detengo a tomar aire.
Y el aire se acaba. Siento este aire gastado que me asfixia entre más lo necesito, entre más fuerza hago para atraparlo y contenerlo.
Me saben los pulmones a ceniza. La ceniza la llevo dentro.
(El verano en mi pecho).
No queda mucho que agregar cuando sigo siendo yo el centro de la ausencia.
No queda mucho que recordar cuando se pasa por la vida de tantos sin dejar rastro.
No queda mucho que abrigar cuando cualquier ayer sea igual a mañana.
Y mi fuerza se acaba mientras aumenta mi furia.
Una furia que se niega a explotar, a salir, a ser.
Una vida que estoy apagando porque no encuentro por dónde sacarla de mí.
Vida de menos.
(Quiero algo que sí pueda sentir).
miércoles, 21 de diciembre de 2011
If only I could go on lying to me with this illusion of stability.
If only these false walls that I built, in which I try to hide, were a little different to what I would like to pretend.
If I were a little more life, a little more beating ...
But all continues its endless stream.
Everything must go.
Even I.
If only these false walls that I built, in which I try to hide, were a little different to what I would like to pretend.
If I were a little more life, a little more beating ...
But all continues its endless stream.
Everything must go.
Even I.
martes, 13 de diciembre de 2011
Messenger chronicles
(Hablando de "Wreckin' bar" de "The Vaccines")
Tatiana E. dice (11:43 a.m.)
Está chévereee
Sebastián González Duarte dice (11:45 a.m.)
Me recuerda mi infancia, ala.
Je, je...
Tatiana E. dice (11:47 a.m.)
¿Cuál infancia? Tu naciste viejo.
Sebastián González Duarte dice (11:47 a.m.)
Cuando NOSOTROS AMBOS LOS DOS éramos los más clasudos Clash City Rockers que había visto la civilización occidental.
Tatiana E. dice (11:50 a.m.)
Juajuajuajajajaja
Sebastián González Duarte dice (11:51 a.m.)
Es cierto.
Ahora somos un par de viejitos que comen pasta en un restaurante de viejitos en Usaquén.
Tatiana E. dice (11:52 a.m.)
jajajajajajaj ... Es cierto.
Sebastián González Duarte dice (11:54 a.m.)
Ahora...
Todo es distinto. La edad hace que mi memoria falle, y no esté nunca seguro de mis acciones más básicas.
Tatiana E. dice (11:55 a.m.)
Es verdad, has perdido la memoria.
Sebastián González Duarte dice (11:55 a.m.)
Now I'm not sure if I should stay or should I go
¡Ja, ja, ja!
Tatiana E. dice (11:55 a.m.)
Me consta
Juajuajaujajaja.
(Fin de la transmisión).
martes, 8 de noviembre de 2011
(Y sentir que no estamos muertos).
Está la distancia, la soledad y el silencio interno.
Están las dudas, los rencores y lo que quedamos debiendo.
Están los problemas, los abrazos perdidos y los malos recuerdos.
La vida que se va, y la reemplaza el mal genio.
El vacío que no se llena con nada, las responsabilidades y el dolor de siempre, como siempre, adentro.
Pero están también los que se fueron, y nos llevaron con ellos.
Estamos nosotros, recordando y sintiendo todo tan propio como ajeno.
Y que ese recuerdo nos dibuje una sonrisa mientras se nos arruga el corazón.
Y tener ese espacio en alguien, Y tener esa vida en nosotros, y tener ese amor, porque es amor, tanto amor, tanto amor perdido envuelto en tantos momentos.
Y tratar de creer que todavía todo puede ser bueno, que los que nos quieren volverán, y nos espantarán el frío de los huesos.
Que nos sacarán los fantasmas con abrazos, que perdonarán nuestras faltas y jamás nos dejarán de nuevo.
Y creerán en nosotros, en lo que no somos, pero que insistimos en serlo.
Y descubrirán que hay algo dentro también, algo bueno que siempre estuvo, pero que siempre tuvo miedo.
Y secarán las lágrimas con besos, y limpiarán los días con sus dedos.
Y no más vacío, no más silencio: Un caminar a la par y el eco de los mismos pensamientos.
Las letras que ya se me fueron, los dedos que se acabaron para mí volverán con el tiempo que traigan ellos.
Y soñar que todo esto sea cierto.
(Aunque sea sólo un momento).
sábado, 25 de junio de 2011
(Algo en común)
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