domingo, 25 de diciembre de 2011

La distancia sigue siendo tan ineludible como certera.
El esperar el paso del tiempo se volvió una rutina más dentro de las otras.

(Otoño de vida).

Ahora todo empezar es en vano.
Cada nuevo caminar sólo trae consigo la falsa memoria de lo que se pudo vivir alguna vez.
Ahora cada nueva compañía sólo es una evocación de lo que dejé perder en mi eterno insistir en lo que no debo.

(Invierno en el cielo).

Y esto es sólo una muestra de cómo todo se repite para mí. Sometido eternamente a los ciclos interminables de mi tibia existencia.

Debo salir, debo salir y espantarme la niebla del cuerpo.
Sigo siendo la sombra de lo que fui, sigo dejándome atrás con cada nuevo vacío de más vida, de más sangre de más, de más...

(Primavera de papel).

Las huellas que he ido dejando las repito cada día.
La vida que ya no soy sigue estando ahí, pero lejana, recordándome que mi memoria es lo único que se queda. Mi cuerpo y mi tiempo pasan, los míos y lo mío se va y no me puedo despegar de nada de esto.

Sigo huyéndole a la mediocridad que me persigue.
Que me lame los pies cada vez que me detengo a tomar aire.
Y el aire se acaba. Siento este aire gastado que me asfixia entre más lo necesito, entre más fuerza hago para atraparlo y contenerlo.
Me saben los pulmones a ceniza. La ceniza la llevo dentro.

(El verano en mi pecho).

No queda mucho que agregar cuando sigo siendo yo el centro de la ausencia.
No queda mucho que recordar cuando se pasa por la vida de tantos sin dejar rastro.
No queda mucho que abrigar cuando cualquier ayer sea igual a mañana.


Y mi fuerza se acaba mientras aumenta mi furia.
Una furia que se niega a explotar, a salir, a ser.
Una vida que estoy apagando porque no encuentro por dónde sacarla de mí.
Vida de menos.


(Quiero algo que sí pueda sentir).

miércoles, 21 de diciembre de 2011

If only I could go on lying to me with this illusion of stability.

If only these false walls that I built, in which I try to hide, were a little different to what I would like to pretend.

If I were a little more life, a little more beating ...

But all continues its endless stream.

Everything must go.

Even I.

martes, 13 de diciembre de 2011

Messenger chronicles

(Hablando de "Wreckin' bar" de "The Vaccines")

Tatiana E. dice (11:43 a.m.)
Está chévereee

Sebastián González Duarte dice (11:45 a.m.)
Me recuerda mi infancia, ala.
Je, je...

Tatiana E. dice (11:47 a.m.)
¿Cuál infancia? Tu naciste viejo.

Sebastián González Duarte dice (11:47 a.m.)
Cuando NOSOTROS AMBOS LOS DOS éramos los más clasudos Clash City Rockers que había visto la civilización occidental.

Tatiana E. dice (11:50 a.m.)
Juajuajuajajajaja

Sebastián González Duarte dice (11:51 a.m.)
Es cierto.
Ahora somos un par de viejitos que comen pasta en un restaurante de viejitos en Usaquén.

Tatiana E. dice (11:52 a.m.)
jajajajajajaj ... Es cierto.

Sebastián González Duarte dice (11:54 a.m.)
Ahora...
Todo es distinto. La edad hace que mi memoria falle, y no esté nunca seguro de mis acciones más básicas.

Tatiana E. dice (11:55 a.m.)
Es verdad, has perdido la memoria.

Sebastián González Duarte dice (11:55 a.m.)
Now I'm not sure if I should stay or should I go
¡Ja, ja, ja!

Tatiana E. dice (11:55 a.m.)
Me consta
Juajuajaujajaja.


(Fin de la transmisión).

martes, 8 de noviembre de 2011


(Y sentir que no estamos muertos).

Está la distancia, la soledad y el silencio interno.
Están las dudas, los rencores y lo que quedamos debiendo.
Están los problemas, los abrazos perdidos y los malos recuerdos.
La vida que se va, y la reemplaza el mal genio.
El vacío que no se llena con nada, las responsabilidades y el dolor de siempre, como siempre, adentro.

Pero están también los que se fueron, y nos llevaron con ellos.
Estamos nosotros, recordando y sintiendo todo tan propio como ajeno.
Y que ese recuerdo nos dibuje una sonrisa mientras se nos arruga el corazón.
Y tener ese espacio en alguien, Y tener esa vida en nosotros, y tener ese amor, porque es amor, tanto amor, tanto amor perdido envuelto en tantos momentos.
Y tratar de creer que todavía todo puede ser bueno, que los que nos quieren volverán, y nos espantarán el frío de los huesos. 
Que nos sacarán los fantasmas con abrazos, que perdonarán nuestras faltas y jamás nos dejarán de nuevo.
Y creerán en nosotros, en lo que no somos, pero que insistimos en serlo. 
Y descubrirán que hay algo dentro también, algo bueno que siempre estuvo, pero que siempre tuvo miedo.
Y secarán las lágrimas con besos, y limpiarán los días con sus dedos.
Y no más vacío, no más silencio: Un caminar a la par y el eco de los mismos pensamientos.
Las letras que ya se me fueron, los dedos que se acabaron para mí volverán con el tiempo que traigan ellos.
Y soñar que todo esto sea cierto. 

(Aunque sea sólo un momento).


sábado, 25 de junio de 2011

(Algo en común)


"Mismo silencio a un mismo tiempo
El mismo humor y descontento
La misma tristeza y cansancio..."




(Y la soledad interna. El Vacío. La niebla.)

Maldita y sucia soledad que no puedo espantar con nada.

Vacío espacio que no he sabido administrar.

Estúpido querer que no he dejado que me alcance.

Terco cerrar interno que me bloquea a los demás.

Pesado tiempo que me aleja de todo y de todos.

Maldito todo, interno y externo.

Vacío todo, triste, solo, quieto, lejos...

Y yo. Yo

Siempre al final y detrás de cada momento.
Siempre lejos de cada cosa que quiero.
Siempre, y tanto siempre.

Y la inmensa nada detrás de todo esto.

domingo, 17 de abril de 2011

(Me fui buscándola)

Hoy traté escribirle una de las tantas cartas que he tratado de escribirle. Una de las que antes podía escribirle apenas la sentía alejarse. Una que hoy no pude ni empezar.

Me da la madrugada en el intento. El frío que me da en la cama que ella me instó a comprar, el eco que se escucha en la casa que ella nunca conoció, la niebla que se cuela por cada espacio abierto que encuentra, y que yo trato, como si persiguiera algo, buscar esas entradas para espantarla, junto al eterno frío que no me deja concentrar.

No le pediré que regrese, o que me deje regresar. No la buscaré de nuevo a la salida de la universidad, no llegaré otra vez a su casa por las tardes, a pedirle que abra sus manos mientras cierra sus ojos, para darle montañas de dulces como una sorpresa que siempre supo que tenía para ella. Pero tampoco me desharé de ninguna de las cosas que guardo de ella para saberla ausente, para recordarla mía de alguna forma. Para poderme atormentar y destrozarme con ese algo que me desgarra por dentro cada segundo. El algo que en ella ya dejó de latir.

Camino por la casa intentando espantar la niebla, mientras el perro me persigue perezosamente en total silencio, mirándome cerrando las puertas y ventanas detrás mío, mientras caliento agua para tomarme un té, mientras tiemblo un poco cuando busco calentarme al pie del fogón, mientras confirmo que esta soledad tan parecida a la de él y este vacío excusado hoy en forma de niebla tiene varios días quitándome el sueño, y el hambre y las ganas de esperar que amanezca.

Sé que no volverá nunca, sé que ya no tengo a quién ir corriendo a contarle cosas para reírnos juntos, o para desahogarme de las cosas que me enojan y las que me salen mal. Sé que ya no tengo quién espante mis miedos con abrazos, y le de soluciones irreales a las cosas que no puedo controlar. Sé que ya nunca la veré bailar cuando se siente feliz, ni volveremos a ponernos apodos ridículos que sólo los dos íbamos a entender. Se que ya no la voy a poder ayudar con sus proyectos y trabajos, ni voy a volver a sentirme mal cuando no entiendo lo que la afana, mientras me lo dice con toda seriedad.

Escucho entonces cómo las personas de las casas vecinas hacen ruido mientras se alistan para ir a sus trabajos. Espero entonces desde la sala escuchar la alarma del despertador en la habitación, para empezar otro día que va a ser igual a todos. Me alisto entonces para ir al trabajo, rogando que me distraiga con los suficientes problemas por solucionar para poder quitármela de encima un instante. Espero que el día sea largo y complejo, para no tener que volver a lo mismo, no volver a dar vueltas en la cama echándole la culpa de mi insomnio a la lluvia, o a la niebla, o al ruido, al café que tomé durante el día, tratando de darle largas a lo que sé que sólo tiene un nombre, uno que ya no me quiere nombrar.

Me voy a bañar, y recuerdo sus eternos lunares, que me gustaban tanto y que nunca pude terminar de contar. Recuerdo los masajes que le quedé debiendo, porque nunca le dí uno completo cuando llegaba cansada de estudiar. Recuerdo el lugar al que siempre quisimos viajar y que por mi trabajo y mi falta de determinación nunca la pude llevar.
Todos estos, mis intentos inconclusos, la hicieron eterna. Fue siempre ella mi deuda por pagar.

Empiezo así otro día más. Otro día que me aleja más de ella y de todos. Otro día que le confirma que esta adicción mía por el trabajo, y la debilidad de carácter que me lleva a pensarme menos si no hago algo de utilidad, fue lo que hizo que se secara todo de a poco para ella, hasta que ya no fui más que una visita corta de tiempo, con muchas tareas pendientes y con mucho más que demostrar.

Hasta que se aburrió de saber que quedarse fue otra forma de no estar.